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Llueve sobre mojado: la llamada a una Nueva Guerra contras las drogas y la respuesta de Ecuador

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La 73 edición de la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas encontraba al Ecuador en una situación inusual. María Fernanda Espinosa, ex Canciller del Ecuador, y primera mujer latinoamericana en dirigir la Asamblea, daba las palabras de bienvenida en la sede de Nueva York, a los más de 190 países miembro participantes. Esa misma mañana, en tercer lugar, luego del Presidente de los Estados Unidos, el Presidente ecuatoriano Lenín Moreno recibía el podio para dirigirse a sus pares del mundo. Poco antes, Moreno, habría recibido en Ecuador una carta de felicitación de parte del Vicepresidente estadounidense Pence, en la que elogiaba sus esfuerzos por la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, sentenciando al Ecuador como uno de sus mejores aliados en la Guerra contras las Drogas.

En Naciones Unidas parecería ser que el orden de los factores no altera mucho el producto, pero en la diplomacia internacional los simbolismos tienen mucho que decir. Donald Trump, en la intervención previa a Moreno, había declarado la intención de ´convocar´a países aliados, a movilizarse por otra reedición más de la lucha contra las drogas, esto a la par de mencionar que la tesis de la globalización estaba en franca decadencia y que lo que sostendría al mundo, y que invitaba al resto de sus similiares a sumarse, era el nacionalismo como mecanismo identitario de un nuevo orden internacional.

Sin muchas recetas, Trump habló de un documento de entendimiento, que no pasaría por los mecanismos tradicionales de la burocracia internacional de las Naciones Unidas. Aquellos países que aceptarían participar del encuentro, llegarían entonces con un documento ya finalizado y firmado (requisito para obtener una invitación), sin espacios para negociar, ni para procesar por mecanismos internos de debate, ni para modificar los contenidos de la declaratoria. No hay consenso, o están con nosotros o contra nosotros. La ‘diplomacia’ estadounidense en absoluta transparencia.

Cuatro pilares centrales concentran la ‘Llamada Global para la Acción’1 de Trump: control de la demanda y de la oferta, cooperación internacional y ampliación de tratamiento para salvar vidas y promover la recuperación. De los cuatro, el último punto escuetamente se hace paso entre los tradicionales objetivos de la fallida Guerra contra las Drogas. El documento de una página, no hace ni una sola mención a derechos humanos y su defensa (recordemos que Estados Unidos terminó su aporte y participación en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en junio 2018), no habla sobre reducción de daños como alternativa para el abastecimiento de servicios de salud, no menciona los problemas de ejecuciones extrajudiciales en casos relacionados a drogas (mucho menos a la pena de muerte aplicada en muchos países) ni siquiera de los objetivos de desarrollo sustentable (pilares fundamentales del consenso internacional hacia el 2030). Claramente, se posiciona como una contra-vía al acuerdo global extendido como resultado de la UNGASS 2016 en ese mismo espacio.

Aproximadamente 130 países terminaron asistiendo a la reunión, y dicho sea de paso, adhiriendo a la Declaratoria. Entre los países que firman sorprende ver los nombres de Canadá y México, socios en medio de una difícil re-negociación del Acuerdo Comercial de Norteamérica –NAFTA- pero que en términos domésticos habían dado pasos concretos para contradecir los objetivos e indicadores que esta ‘nueva’ acción de los Estados Unidos plantea como efectiva en cuanto a la política internacional de drogas. Particularmente Canadá, que se encuentra en un momento clave de su política para regular el canabis medicinal, y que además en la pasada edición de la CND de este año, habría liderado una inciativa inédita en conjunto con Uruguay para defender los derechos humanos de las personas que usan drogas. Es un escándalo de tamañas proporciones en un país donde las muertes por sobredosis de opioides es de las más altas en el planeta y que ya exigió una inmediata respuesta del Gobierno, siendo la Ministra de Salud la encargada de dirigirse al Congreso. La respuesta oficial plantea que es mejor estar sentado en una mesa para discutir un mal documento que no estarlo, declaraciones que no bajan en absoluto la sospecha de que el gobierno liberal de Trudeau está cediendo a las presiones del gobierno del sur para no quedar por fuera del acuerdo comercial.

Aliados clave de los Estados Unidos se ausentaron de la reunión, como Alemania y los países nórdicos, donde Noruega fue particularmente claro en decir que su lectura sobre el fenómeno socio-económico de las drogas partía de distintas causalidades y aproximaciones para su solución. La misma respuesta obtuvo de países que han adpotado ya políticas claras para contestar la hegemonía de la Guerra, como Uruguay, Holanda y Portugal. En ese mismo momento, la Comisión Global sobre la Política de Drogas2 conformada por varios y varias ex presidentes y autoridades en el tema, presentaba su reporte para la regulación y el control responsable de las drogas, documento de 60 hojas que aborda las dificultades de la actual política internacional de drogas y los pasos a tomar para regular los distintos mercados y sustancias. Muestra de que existe un espacio claro para plataformas que planteen aproximaciones efectivas a viejos recursos caducos que no han traído mejoras para la población.

Era difícil para Moreno amanecer al día siguiente y tener algo de protagonismo en la prensa siguiendo el discurso del Presidente de los Estados Unidos en Nueva York. Pero algo que resulta muy importante mencionar y que poco ha dicho nuestra Cancilería al respecto es qué posición tomó el país sobre la invitación a la ‘Llamada Global para la Acción”. De acuerdo a fuentes no oficiales, Ecuador no habría participado de la reunión y consecuentemente tampoco adhiere al documento emitido por la administración de Trump.

Sería importante conocer efectivamente la posición oficial del Ecuador, siendo que fuentes de prensa internacional como el periódico inglés ´the independent´, sugieren que presiones pudieron haberse ejercido más directamente para comparecer en la reunión: La Misión de los EEUU puede haber invocado recuerdos de represalias pasadas, incluyendo amenazas de sanciones comerciales en países como Ecuador, si introdujera una resolución sobre lactancia materna contra el uso de fórmula, una industria de $ 70 mil millones en los EEUU.3

En una agenda geopolìtica donde prima el deseo de la hegemoníal global, y que aunque reniega de la globalización pero que depende del funcionamiento de algún orden internacional para sostener sus privilegios, el fenómeno socio-económico de las drogas está en un segundo plano. Una reunión de 18 minutos en los que habla una solo persona, no se requiere consenso y se firma algo no negociado, es tiempo suficiente para explicar a países del tamaño de Canadá, cuáles son las condiciones para jugar en el tablero de la actual política internacional.

Uno no puede dejar de preguntarse en qué condiciones se encuentra el Ecuador en este escenario. El Memorando de Entendimiento y el Acuerdo de Cooperación para fortalecer la lucha contra el crimen organizado internacional firmado con los Estados Unidos terminan siendo la única directriz para el horizonte de las drogas en el Ecuador. En desmedro de la autonomía para la gobernanza de una política de drogas soberana y sostenible, nos hemos comprometido a cumplir con los requisitos de la Guerra contra las Drogas que mide efectividad en número de presos y toneladas de incautaciones. Marchamos en propio terreno y sin frontera.

A fin de cuentas, en esta larga data de relaciones con el Norte Global siempre queda por preguntarse qué es lo que uno pierde en lugar de lo que le otorgan. En materia de drogas perdemos gobernanza y efectividad. Tal vez esto sería útil para que los ‘liderazgos cautivadores’ en el Ecuador se planteen sobre el país que quieren gobernar.

1 Traducido del inglés: Global Call to Action
2 En inglés Global Comission on Drug Policy
3 Traducción literal del inglés. Ref. https://www.independent.co.uk/news/world/americas/us-politics/trump-un-general-assembly-drug-policy-nikki-haley-opioid-crisis-china-mexico-a8552821.html

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Acabando con la guerra contra las drogas

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Es hora de acabar con la “guerra contra las drogas” y de redirigir recursos masivamente hacia políticas efectivas basadas en evidencias, apuntaladas por un riguroso análisis económico.

La aplicación de una estrategia de guerra contra las drogas a nivel global, militarizada e impulsada por acciones de
fiscalización, ha producido enormes resultados negativos y daños colaterales. Estos efectos incluyen el encarcelamiento masivo en los EE.UU., políticas altamente represivas en Asia, una vasta corrupción y desestabilización política en Afganistán y África Occidental, una inmensa violencia en América Latina, una epidemia de la infección por VIH en Rusia, una aguda escasez global de medicinas para controlar el dolor, y la propagación de abusos sistemáticos de derechos humanos en todo el mundo.

La estrategia ha fracasado en sus propios términos. La evidencia muestra que los precios de las drogas han venido
declinando mientras que la pureza de las sustancias se ha ido incrementando. Ello ha ocurrido a pesar de drásticos
incrementos en el gasto global para la fiscalización de las drogas. Ya no puede justificarse la continuación del dispendio de vastos recursos en políticas punitivas impulsadas por la fiscalización, generalmente a expensas de políticas de salud públicas de demostrada eficacia.

Las Naciones Unidas han intentado aplicar durante demasiado tiempo un enfoque represivo de “receta única para
todos”. Este organismo debe ahora liderar la defensa de un nuevo marco de cooperación internacional basado en la
aceptación fundamental de que políticas diferentes funcionarán para países y regiones distintos.

Esta nueva estrategia global sobre drogas debe basarse en principios de salud pública, reducción de daños, reducción
de impactos creados por mercados ilícitos, expansión del acceso a medicinas esenciales, minimización del consumo
problemático, experimentación regulatoria rigurosamente monitoreada, y un decidido compromiso con los principios de derechos humanos.

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HABITANTES DE LA CALLE ¿CÓMO ENTENDERLOS?

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Esta población, que en Bogotá llega a 15.000 individuos, plantea desafíos inmediatos en salud, ocupación laboral, resocialización y derecho a habitar la ciudad. Los profesores Amy Ritterbusch, de la Escuela de Gobierno, y Hernando Zuleta, de la Facultad de Economía, reflexionan sobre cómo se deben plantear las políticas públicas relacionadas con esta temática.

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Museo de Política de Drogas

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El Museo de Política de Drogas es una exposición itinerante que se puede ver en la Ciudad de México el 4, 5 y 6 de mayo. En ella se muestra cómo las políticas de drogas impactan y dan forma a las comunidades y también se ofrecen modelos alternativos exitosos que se aplican en diversos países.

Antes de venir a México la muestra estuvo en Londres, Montreal y Nueva York. A través de mesas de discusión, talleres y diversas expresiones artísticas se da cuenta de la realidad por la que pasan México, América Latina y el mundo en materia de la política de drogas.

La exposición, que se propone eliminar prejuicios y estigmas sobre las drogas, aborda la temática de la militarización, la impunidad, la corrupción, el hacinamiento carcelario, el tratamiento forzado, la reducción de riesgos y daños, los derechos de los cultivadores y la protección de usos tradicionales.

El museo ofrece la oportunidad de conocer otras perspectivas, de aprender de otros modelos, y de analizar qué es lo mejor para la situación actual. Permite también identificar lo que es necesario, lo que es urgente, y lo que no se debe seguir haciendo en la política de drogas.

En México, los distintos gobiernos han impuesto la prohibición a ultranza de las drogas que ha conducido al abuso sistemático de las autoridades que implica, entre otras cosas, la detención arbitraria y al encarcelamiento ilegal. La política prohibicionista y punitiva contra las drogas, implementada en los últimos 50 años, ha fracasado en todo el mundo. No hay excepciones.

La violencia en el país está fuera de control. El 2017 fue el más violento en los últimos 25 años y al final del 2018 va a superar la violencia del año anterior. El sexenio va a terminar con 110,000 o 120,000 homicidios dolosos. Es el que registra el mayor número de las tres décadas pasadas.

En el mundo, las decisiones de la política pública sobre las drogas se han tomado sin evidencia científica. Se ha privilegiado la seguridad por encima de la salud o el desarrollo, y se quiere que los ciudadanos acepten que la guerra se está ganando y la violencia se va a terminar. Es falso.

Los organizadores plantean que a nivel mundial está en juego la política de drogas. Los políticos de muchos países del mundo —los mexicanos no son la excepción— rehúyen enfrentar el problema desde nuevos paradigmas. Llegó el momento en que la sociedad les exija el cambio en la política con base en evidencia científica.

El museo a nivel mundial tiene el apoyo de la Open Society Foundations. En México, como parte de la exposición, se muestran 80 piezas de 26 artistas de nueve países, que incluye a 12 mexicanos. El museo se ubica en Lucerna 32, en la colonia Juárez, y va a estar abierto de 10 de la mañana a 9 de la noche del viernes 4 al domingo 6 de mayo. La exposición y los eventos son gratuitos.

Autor: Rubén Aguilar.

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Seguridad y el 40%

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No son temas separados, están estrechamente vinculados. Me refiero a los lamentables sucesos ocurridos con hermanos ecuatorianos asesinados por criminales del narcotráfico y la guerrilla mientras cumplían sus deberes defendiendo al país e informando a la ciudadanía. Asesinatos que irrumpen la paz social y con ello pueden acabar con la economía y la propia política. Atado a esto se encuentra la fragilidad de la economía, la misma que ha flotado, e inclusive ha crecido, aunque de forma inestable, pero gracias al endeudamiento público que ahora enfrenta la realidad de haber superado el límite legal del 40% del PIB.

Sin paz no hay economía, ni sociedad, ni política. Por lo tanto, la prioridad actual del gobierno, sin discusión alguna, es concentrar todos sus esfuerzos en desterrar ese mal que empieza a crecer en el país que es el narcotráfico y la guerrilla. Pero esa guerra con la delincuencia, organizada o menos organizada, de alta gama por la magnitud de recursos que maneja, requiere de fondos y éstos ahora están atados al techo de la deuda del 40% del PIB, pues no hay ni ahorros ni liquidez del petróleo o de los impuestos. Todo está ya comprometido y, nos guste o no, se requiere de más deuda, ahora con más angustia que antes.

En esa realidad, no calzan ni las explicaciones confusas de las autoridades económicas ni las explicaciones rebuscadas para esconder la verdad del endeudamiento público. Ni la Contraloría, ni los analistas, ni el FMI, ni los bancos internacionales, ni nadie que brinde credibilidad, ni el propio Presidente, defienden que la deuda pública siga por debajo del 40% del PIB. Unos pocos desubicados, paradójicamente algunos parte del gobierno, siguen con el verbo de la deuda consolidada.

Es emergente que se inicie una agresiva campaña internacional para buscar cerrar un acuerdo con los multilaterales que nos permita oxígeno para la situación, tanto en la esfera económica como en las necesidades de gastos de seguridad. Esta campaña va a requerir de un programa económico en la magnitud, dirección y oportunidad adecuadas para poder concretar un acuerdo conforme a las actuales necesidades. El programa económico anunciado, en la mayor parte de sus postulados, va en la dirección correcta pero sigue siendo tibio, incompleto e insuficiente.

La necesidad de más endeudamiento no es posible con el tope del 40% del PIB que lo impide. Sin embargo, viabilizar nuevo endeudamiento público sin un programa técnicamente bien armado sería otorgarle al gobierno un cheque en blanco con impredecibles y nefastas consecuencias futuras. Estamos en un momento delicado, sensible y de inflexión hacia corregir los problemas o a profundizarlos. Que se decida lo que el país requiere no lo que la política quiere. Todo el país debe estar unido, pero el gobierno es el primero a dar muestras: una limpieza a su interior.

MAURICIO POZO CRESPO

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Despenalizar la droga

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El Presidente Santos de Colombia acaba de reconocer, en la ONU, que el narcotráfico es la “principal amenaza contra la paz”, por lo que sugirió buscar diferentes enfoques para combatirlo: “La estrategia basada exclusivamente en la prohibición y la represión solo ha generado más muertos, más presos y organizaciones criminales más peligrosas”.

El Ecuador está viviendo estos problemas en carne propia, lo que ha llevado a algunas voces autorizadas a sugerir un amplio debate sobre la legalización de la droga. Su principal argumento consiste en recordar que, a comienzos del siglo XX, los Estados Unidos estaban dominados por el crimen organizado, financiado, sobre todo, por el tráfico ilegal del alcohol. Al legalizarse su comercio, la violencia y el terror entraron en agonía.

El tema de la droga plantea problemas de naturaleza múltiple. Éticos, puesto que, al despenalizar su uso, se sugeriría un cambio de paradigmas. Si antes era malo traficar droga, convertirlo en bueno con una reforma legal no satisfaría a la conciencia ética. La corrupción de las costumbres es lo peor que le puede ocurrir a una sociedad. Estamos viendo los efectos negativos causados, sobre todo en la niñez y juventud, por la escala permisiva de consumo aprobada por Correa.

La droga es también un problema de salud. Pero este enfoque no agota su contenido esencial ya que, habiéndose convertido en una pandemia universal, la solución pasa por la concertación de acuerdos globales basados en el reconocimiento de la corresponsabilidad y en el carácter multidisciplinario de cualquier solución.

Siendo un problema socio-económico, la fórmula para combatirlo debe incluir medidas que propicien justicieramente el desarrollo sustentable. La represión no basta. El comercio de la droga moviliza enormes capitales. Si el Ecuador lo legalizara, se convertiría en un polo de atracción para traficantes y consumidores, lo que le crearía problemas más graves. Si, en cambio, así procediera un grupo significativo de países, incluidos los mayores consumidores, su influencia política y económica sentaría un ejemplo y haría posible una decisión multilateral que tendría la virtud de conferir eficacia a la medida. Por lo tanto, si el Ecuador llega a concluir que la solución del problema consiste en combatir y eliminar las ganancias millonarias y los intereses criminales de la droga y que para ello es necesario legalizarla, no debería proceder aislado sino como parte de una acción internacional concertada.

Hay que reflexionar sin prejuicios y con realismo sobre esta materia, consultar con los mejores especialistas y formular una línea de política con objetivos claros, sólidamente basada en la experiencia y en las realidades concretas. Por ahora, cuanto se diga no pasa de ser una sugerencia de buena voluntad.

JOSÉ AYALA LASSO

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¿Mano dura o legalización?

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Me van a perdonar que vaya a contracorriente pero el que marchemos los ecuatorianos vestidos de blanco diciendo que somos amantes de la paz y que la guerra del narcotráfico es un problema de Colombia no ayuda a enfocar bien el asunto. Hace muchos años que el tráfico de drogas es también un problema del Ecuador, tanto así que Pancho Huerta llegó a advertir que se estaba constituyendo aquí un narcoestado.

Si algo de positivo ha tenido el brutal estallido de la violencia en la frontera norte es que ha destapado por fin un conflicto que permanecía camuflado en la selva desde los años 80, y del que, salvo algunos aspavientos y reclamos, todos los gobiernos de esta ‘isla de paz’ se hicieron los desentendidos. Peor aun: durante el gobierno de Uribe, Colombia acusó al Ecuador no solo de ser permisivo sino hospitalario con la narcoguerrilla de las FARC. Por ello, violando nuestra soberanía, bombardeó el campamento vacacional que tenía Raúl Reyes en Angostura.

Hoy el país continúa sin una estrategia clara puesto que, movidos por la inseguridad, el anhelo de justicia o venganza y un discurso oficial ambiguo e imprudente, muchos apoyan la solución militar que tiene graves efectos colaterales. Con el fantasma de las guerras internas contra la subversión que lanzaban las dictaduras militares de los años 70, hay gente consciente que oye ‘mano dura’ y se pone a temblar. Para colmo, el Presidente adopta para las cámaras el papel de duro y ofrece eliminar a Guacho aunque todos sabemos que si llega a caer hay varios guachos listos para ocupar su puesto y su territorio.

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La ‘deep web’ es la mayor amenaza que ha tenido la prohibición de las drogas en toda su historia

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En este preciso instante miles de cartas con pequeñas cantidades de droga están siendo repartidas diligentemente por los carteros de Correos, colaborador involuntario en el menudeo de estupefacientes en los mercados de la darknet. Se calcula que cada año se mueven por esta vía 16,5 toneladas de droga por valor de 182 millones de euros, lo que no deja de ser el chocolate del loro si lo comparamos con los entre 420.000 y 652.000 millones de dólares que se estima que mueve el narcotráfico en todo el mundo.

El proceso de comprar drogas en uno de los mercados de la darknet es algo engorroso, pero tiene grandes ventajas respecto a hacerlo en la calle: mejor calidad, menor precio y la imbatible comodidad de la entrega a domicilio por el cartero, que en nuestro caso llamó dos veces. Para escribir este reportaje hicimos una compra de un gramo de 2CB -una de las mejores obras químicas de Alexander Shulgin– a un vendedor de Holanda a través de Wall Street Market, uno de los mercados mejor provistos accesibles a través de TOR, el navegador que permite la navegación anónima en internet y puerta de entrada habitual a la llamada “web oscura”.

¿Qué se vende en la deep web? En esencia, drogas. Fuente:EMCDDA.

Lo de enviar drogas por correo es una práctica muy anterior a la darknet e incluso a la misma internet, según me cuenta el periodista Igor Domsac, especialista en psicotrópicos y criptomonedas: “Antes incluso de que naciera Internet ya eran famosas las cartas con “regalitos” procedentes de países productores, como Holanda o Colombia. No es nada nuevo. Otra cosa es que lo reconozcan, pues ellos normalmente desconocen el contenido de los envíos”. Efectivamente, tal y como me confirman en Correos, “la correspondencia es inviolable, necesitaríamos una orden judicial”. La persona que me atiende, de la oficina de prensa de Correos en Palma de Mallorca, asegura que en las cartas y paquetes no viaja droga: “Es ilegal”, concluye.

Efectivamente, es ilegal, pero muy conveniente y por eso mismo, en auge. Los mercados de la deep web no dejan de proliferar desde el muy sonado cierre de Silk Road en 2013. En estos momentos operan al menos ocho de estos mercados-no muy diferentes en aspecto a un Amazon- incluidos el citado Wall Street Market, Dream Market, Tochka, Zion y Berlusconi (¡!) Market. En todos ellos puede encontrarse un poco de todo, desde tarjetas de crédito clonadas hasta malware, pero son el grueso de las ofertas son de drogas ilícitas: más de 4.000 productos ofertados a 322.000 compradores por 2.600 vendedores sólo en Wall Street Market.

El creador de Silkroad cumple condena de por vida en EE.UU. Ilustración: Mashable.

La supervivencia media de un mercado es de poco más de 8 meses, bien porque son desmantelados por la policía o bien porque el propio mercado recoge beneficios y echa el cierre. En cualquiera de ambos casos, miles de operaciones quedan inconclusas, con pagos realizados y sustancias que nunca llegaron a su destino o sobres que acaban deambulando por los servicios postales de los países implicados en el trasiego. El desmantelamiento de AlphaBay en una operación conjunta de Interpol y la DEA, provocó una desbandada de compradores y vendedores a otros de los mercados citados anteriormente, pero no detuvo el comercio, más bien al contrario: según un informe de la ONU [.pdf] de 2017, el 7’9% de los consumidores habituales de estupefacientes adquirieron drogas a través de darknet, un porcentaje que no ha dejado de aumentar desde el 4,7% de 2014. En el caso del Reino Unido, el ratio supera el 25%.

De hecho, el mediático cierre de Silk Road y la detención de su creador –Ross William Ulbricht, apodado “Pirata Roberts”- en 2013, brindó una enorme popularidad a la darknet, desde entonces bastante menos oscura.

¿A qué se debe la enorme resiliencia de los mercados de drogas en internet a pesar de los embates policiales? En opinión de Mireia Ventura, coordinadora del servicio de análisis de sustancias de Energy Control, “la gran ventaja de este tipo de mercados es que la gente puede conseguir el mejor producto de la mejor manera, rápido y sin riesgo de violencia”. Por si fuera poco, la calidad de la droga comprada por esta vía suele ser mayor que la que se adquiere por “vías tradicionales”, sea el camello del barrio o el poblado de turno.

Julen, nombre ficticio de un comprador habitual de heroína en ambos mercados, me confirma este dato: “Hace unos años llevamos a analizar a Energy Control heroína comprada en la Cañada Real [famoso supermercado de las drogas de Madrid] y tenía una pureza del 8% a un precio de 60 euros el gramo. La heroína comprada en la deep web tenía una pureza del 80% por 130 euros el gramo. El precio era más del doble, pero la calidad era diez veces superior”.

No obstante, matiza Mireia Ventura, “existe una correlación entre la calidad en la calle y la calidad en la deep web. Cuando hay una partida de mala calidad, también desciende el grado de pureza de la droga que se encuentra en internet”. Un ejemplo reciente es una remesa de heroína comprada en la darkweb a un vendedor del Reino Unido y que estaba cortada con un derivado fentanilo, un opioide sintético varias veces más potente que la propia heroína y que está causando una emergencia sanitaria en Norteamérica. En este caso, apunta Ventura, “la heroína que se encuentra en la calle en España es más segura al no estar adulterada con derivados del fentanilo”. El drogófilo Julen confirma este extremo: “el 92% de la heroína que compras en el poblado es mierda, pero parece ser que esa mierda gusta a los yonquis”.

Los análisis realizados a las sustancias compradas en la deep web muestan porcentajes de pureza bastante variopintos y disonantes: cocaína que se anuncia con una pureza del 95% registraba una pureza del 33%, según el estudio de‘Drogas y darknet’ de Europol y la Unión Europea (EMCDDA). Eso sí, a diferencia de lo que sucede en la calle, el comprador de la deep web puntúa al vendedor una vez finalizada la transacción: calidad del producto, rapidez en el envío y discreción. Estas puntuaciones hacen que el dealer consiga una reputación en el mercado… lo mismo que en Ebay pero con drogas.

Como en cualquier otro bien de consumo, la calidad y pureza del producto es uno de los requisitos básicos que busca el comprador de estupefacientes. Esto, que puede parecer una obviedad, no es así para Alexis Goosdeel, director del organismo europeo que elaboró el citado estudio. Durante la presentación del mismo, el pasado mes de noviembre, Goosdeel alertó de que si bien “en la darknetlos compradores consiguen drogas de mayor pureza”, esta misma pureza hace que sean “más peligrosas”. Cegado por la lógica prohibicionista, el funcionario parece ignorar que el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction es parte del problema y no parte de la solución.

El sueño libertario de Silk Road

Uno de los objetivos de Ulrich/Pirata Roberts al fundar Silk Road fue desmantelar los carteles de droga, ofreciendo un punto de encuentro entre vendedores y compradores de sustancias psicoactivas al margen de la ley, un sueño libertario que ya se está cumpliendo, en opinión de Fernando Caudevilla, médico y uno de los mejores conocedores de la darknet (“deep web,¡por favor!”, me matiza) en España: “El sueño empezó con Silk Road y los datos objetivos nos dice que se está cumpliendo: el número de mercados y de usuarios es mayor, son cada vez más fáciles de usar… Ha aparecido Open Bazaar, el primer mercado descentralizado basado en P2P, de modo que no tiene control humano alguno. El volumen sigue siendo pequeño respecto al tráfico de drogas pero ya todas las agencias tienen el ojo puesto aquí, porque es la mayor amenaza que ha tenido la prohibición desde sus inicios”.

El periodista y psiconauta Igor Domsac también avala esta visión: ientras persista la guerra contra las drogas, las grandes mafias del narcotráfico seguirán dominando el mercado, pues la mayoría de transacciones tienen lugar de manera offline, pero ciertamente estos mercados han eliminado a muchos intermediarios, evitando que los usuarios tengan contacto directo con las redes criminales y reduciendo muchos de los riesgos, la mayoría de los cuales se deben a la prohibición. Asistimos a una nueva generación de ciberdealers más sofisticados, eso por supuesto, pero ahora el productor tiene la posibilidad de venderle directamente al consumidor, aunque se encuentre en la otra parte del mundo, con el consiguiente ahorro de recursos y quebraderos de cabeza”.

No obstante, la gran mayoría de los vendedores de la deep web proceden de países occidentales, notoriamente Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Holanda. Eso significa que aunque existe “la posibilidad” que indica Domsac de que, por ejemplo, un cultivador de opio de Afganistán surta directamente a un consumidor de opiáceos en el otro extremo del mundo, lo cierto es que el menudeo de psicotrópicos sigue copado por occidentales o bien residentes en estos países.

La combinación de criptomonedas anónimas (o más bien seudónimas, apunta Igor Domsac), como BitCoin o Monero, navegación anónima y redes de distrubición públicas está cambiando la naturaleza del mercado de estupefacientes, como reconoce incluso Naciones Unidas en su informe: “La darknet está alterando la naturaleza del comercio de drogas y el tipo de participantes implicados, con redes más flexibles y horizontales, y grupos más pequeños cada vez más relevantes”, sostiene Yury Fedotov, de la Oficina para las Drogas (para combatirlas, se entiende) de la ONU.

Con información de El Diario y Forbes.

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